a dadaist system for distinguihed readers

   

Exhibited in Cavuspace
Group show
Text Cavuspace
Berlin 2016

 

PUBLICATION:
if music can talk
text: mariano mayer
translation: juan tessi
design: rodolfo temperley
joe´s garage
berlin
2017
orbital resonance
© of the text: mariano mayer
© of the images: marula di como

 

 

 

composición con una radio
Unos días atrás, en vez de esperar en un banco a la sombra que mi amiga Analía terminara de ver una exposición, con el mismo ticket de prensa que unos minutos antes me había permitido recorrerla, entré en la librería del museo Tyssen-Bornemisza, cuya erótica libresca es de muy baja frecuencia. Allí me encontraba, dispuesto a solventar cierto aburrimiento aumentándolo, a base de leer contratapas y esquivar cofee-tables. No fui muy consciente del bloqueo en el que había ingresado hasta que leí de un tirón dos páginas de una antología de ensayos de un escritor austríaco. En ellas el narrador se refería a los días en el que releía los diarios y las cartas de Kafka, con el único n de averiguar si el héroe de su adolescencia había tenido granos. Lo curioso es que por más que todos sus amigos siempre hablaron del rostro hermoso y moreno del joven Kafka, para el austríaco este había sufrido un tipo de acné tan pronunciado que le impedía afeitarse con facilidad. Hasta esa tarde nunca me había parado a pensar en los efectos de la pubertad en los escritores que ad- miraba y mucho menos que estos podían determinar el proceder de una persona volcada por entero en la observación. Son muchas las prácticas artísticas en donde la escritura es una constante, sin embargo llevarlas a cabo no lo convierte a uno en escritor ¿o si? La crítica, la curaduría, la composición musical o la cocina profesional hacen de la escritura el medio capaz de recrear, extender y transportar aquello que ha sucedido en otro plano. La escritura alfabetizada conforma el sistema de notación que todos podemos reconocer. Sin embargo, la plasticidad de este vehículo comunicacional permite desarrollar tantos sistemas como personas capaces de identificarlos existan. Que una nueva estructura reglada sea identificada como un patrón quiere decir que existe un colectivo, una comunidad que se encuentra en condiciones de disponer de tal mapa cognitivo. Incluir personas vivas en un collage para algunos puede ser un happening, pero si la inclusión muscular presenta cierta repetición esta puede ser vista como una performance. Siempre me entretuvo descubrir acepciones de una misma categoría y sostener el mareo en el que entraba a la hora de explicar mi propia práctica. Por tal motivo hacía demasiado tiempo que salir del guión creativo establecido no implicaba un reto. Soñaba con la idea de aportar no solo una experiencia sino la proximidad de un encuentro. Me preocupaba generar algo espontáneo y llegar al tipo de asociaciones que nos animamos a ofrecer cuando conversamos relajados entre amigos. Mis intenciones no han sido producir arte, pero sí han contribuido a excitar esa facultad o facultades responsables de la incorporación de experiencias (Benjamin Patterson). Primero pensé en pautar la lectura a través del uso de los signos de puntuación, ya que en ninguno de sus elementos es el lenguaje tan musical como en los signos de puntuación (Adorno). Quise hacerlo sin tener que recurrir a formulas modernistas, para ello antes que elegir los dos puntos o el punto y aparte intenté hacerlo con las comas, el más modesto de todos los signos. Hacer algo con las manos es siempre una acción que conecta con la belleza, pero una obra realizada únicamente a base de tecnología corporal, además de obtener exactitud entre forma y sentimiento, es susceptible de producir placer y satisfacción en el cuerpo de quien la cree (William Morris). De repente el ideólogo de Arts and Crafts me presentaba la cuestión de una manera muy simple. Si quería utilizar las comas como un elemento sonoro y a la vez mejorar mis condiciones de vida, en términos experienciales, debía hacerlo de una manera artesanal. La opción de recurrir a una máquina de escribir y de obtener un conjunto de comas diferenciadas, a través de las variables producidas por el peso del dedo medio y una cinta entintada, era vivida como un gran fracaso. En contra de mi bienestar había caído en la trampa de la unicidad, ya que si bien sostenía que una copia nunca es igual a otra temía, a base de aplicar la repetición, olvidar el significado de mi gesto. La repetición, muchas veces, hace que se vuelva más difícil encontrar las verdaderas emociones en lo que estás diciendo. Como cuando cantas una canción demasiadas veces: terminas olvidando lo que quiere decir (Laurie Anderson). Por un momento pensé en la euforia silenciosa que hace un tiempo me produjo el simple hecho de cumplir la petición de la autora de un libro que yo mismo edité. La idea era trasladar al papel una experiencia artística que había sucedido en la privacidad de un estudio protagonizada por una artista, un fotógrafo y yo mismo. Con la intención de establecer un alto grado de realismo entre hecho artístico y reproductibilidad técnica, similar a la de esos continuistas que son capaces de parar el rodaje de una escena porque las monedas que el personaje lleva en el bolsillo del pantalón no resultan lo suficientemente pesadas para obligarlo a pararse de una manera determinada, intenté cumplir con lo que se me había pedido: dejar una página en blanco. El hecho de satisfacer tal petición implicaba una acción. Una vez recibidas las cajas de la imprenta, tuve que ubicar la punta de un marcador negro en la parte superior de la página de cada libro, deslizar mi mano sin separarme del papel y llegar hasta al final. La nitidez y lisura del trazo permitía esconder en cada ejemplar un aspecto manual que nadie era capaz de reconocer. Esta repetición no idéntica fue como un descenso en kayak, un acuerdo con las corrientes y una reacción ante los obstáculos imprevistos y las rocas inesperadas, que poco tenía que ver con llevar a cabo un plan (Franck Leibovici). No es la primera vez que elijo lo no planificado y anhelo con todas mis fuerzas desbloquear la grilla donde el ensayo precede a la ejecución. Antes que un escritor me considero lector, por ello mi escritura empieza en la de otras personas. Lleno mis libros de notas, porque los señaladores se pierden (Derek Jarman). Cuando leo establezco una relación con un texto en particular y ahí permanezco. Mis notas y pensamientos sobre ello se transforman en una pieza de mi propia escritura. Este lenguaje compuesto por una cantidad importante de voces tiene la forma de un guión. Ubicar el texto en unos cuerpos en movimiento es hacer de la partitura una performance improvisada antes que una pieza en vivo, que nos per- mite mover o ser movido por una cosa más que por uno mismo (Ivonne Rainer). Últimamente pienso mucho en ello y cada vez lo veo más como una coreografía, ya que primero se trata de organizar el lenguaje a través de una página y luego a través de un espacio (Cally Spooner). En mi práctica la cosificación carece de mala fama y la repetición es garantía de diferencia.
mariano mayer

composition with a radio
A few days ago —instead of waiting on a bench in the shade for my friend Analia to nish looking at an ex- hibition, with the same press pass that had allowed me to stroll through it only a couple minutes earlier— I went into the bookstore of the yssen Bornemiza museum, whose bookish erotica is very low frequency. ere I was, willing to deal with my boredom only by making it worse as I read back covers and dodged co ee tables. I wasn’t very aware of the block I was experimenting until I found myself reading two full pages from an anthology of essays by an Austrian writ- er. e narrator talked about the days when he would re-read Ka a’s letters and diaries with the sole objective of guring out whether his teenage hero had ac- tually su ered from acne. e curious thing was that, although all of his friends had always mentioned Ka a’s handsome and olive skinned face, this Austrian fellow believed that he had su ered such a severe type of acne that it was im- possible for him to shave comfortably. Up until that a ernoon I had not once stopped to think on the e ects of puberty on the writers I admired, let alone that they could determine the actions of a person wholeheartedly dedicated to observation. ere are many artistic practices where writing is a constant, but doing it does not actually make you a writer. Or does it? Critique, curating, musical composition or professional cooking make writing the capable means of recreating, extending and transporting that which has happened in another sphere. Alphabetic writing constitutes a notation system that we can all recog- nize. However, the plasticity of this communicational vehicle allows for the de- velopment of as many systems as the number of people capable of identifying them exist. e fact that a new regulated structure can be identi ed as a pat- tern means that a group, a community capable of disposing of such cognitive map, exists. Some might interpret the inclusion of living people within a col- lage as a happening, but if the muscular inclusion presents certain repetitions it can be construed as a performance. I have always enjoyed discovering mean- ings of one same category and facing the muddle I would get myself into when having to describe my own practice. at is why it had been a long while since stepping out of the established creative script no longer represented a challenge. I dreamt about the idea of contributing not only an experience, but also an en- counter. I was concerned with generating something spontaneous and getting to the kind of associations that we allow ourselves to share when we are relaxed among friends. My intentions have not been to produce art, but have rather contrived to excite that faculty or faculties responsible for integrating experi- ence (Benjamin Patterson). First I thought of pacing the reading through the use of punctuation marks, for in none of its elements is language so similar to music as in punctuation marks (Adorno). I wanted to do it without succumb- ing to modernist formulas, and for this reason, rather than using colon and pe- riod-new paragraph, I tried to do it through commas, the humblest of signs. Making things with your hands is always an action that connects with beauty, but a piece that is done solely through corporal technology, besides obtaining precision between form and feeling, is susceptible of producing pleasure and satisfaction in the body of the person creating it (William Morris). Suddenly the ideologist of Arts and Cra s was introducing me to the matter in a very simple way. If I wanted to use commas as a sound element, while at the same time improving my life conditions in terms of experience, I had to do it as if it were a cra . e option of turning to a typewriter and obtaining a group of dif- ferentiated commas, result of the variables produced by the weight of the mid- dle nger and an ink ribbon, where experienced as a tremendous failure. I had fallen into the trap of uniqueness, against my own well-being. Although I sus- tained that a copy is never identical to its original, I was afraid of forgetting the meaning of my gesture as a consequence of the use of repetition. Repetition of- ten makes it di cult to nd the emotional truths in what we are saying. Like when you sing a song over and over again: you end up forgetting what it means (Laurie Anderson). For a moment I thought of the quiet euphoria that I had felt some time ago when simply carrying out the request of the author of a book I was editing. e idea was to transfer on to paper an artistic experience, starred by an artist, a photographer and myself, which had taken place in the privacy of a studio. In hopes of establishing a high degree of realism between artistic act and technical reproducibility (similar to those lm script supervisors responsi- ble for continuity who are likely to stop the shooting of a scene just because the coins that a character is carrying in his pockets are not heavy enough to force him to stand a certain way) I tried to accomplish what I had been asked to do: to leave a blank page. Complying with such request implied an action. Once the books had come back from the press, I had to place the tip of a black marker on the top of the page of each book, slide my hand without separating it from the paper and reach the end. e clarity and smoothness of the trace in each copy hid its manual aspect, which no one could recognize. is non-identical repeti- tion was like a kayak descent, an agreement with the currents and a reaction to unpredicted obstacles and unexpected rocks, which had little to do with carry- ing out a plan (Franck Leibovici). It’s not the rst time I choose to go with the unplanned or that I long to unblock the grid where rehearsal precedes execu- tion. I consider myself a reader more than a writer, that’s why my writing be- gins in other people’s writing. I ll my books with notes, because bookmarkers get lost (Derek Jarman). When I read I establish a relationship with a particu- lar text and there I stay. My notes and thoughts on them become a piece of my own writing. is language, made up of an important number of voices, has the shape of a script. Placing the texts on moving bodies means turning the musi- cal score more into a performance than a live piece, allowing us to move or be moved by a thing rather than by oneself (Ivonne Rainer). I think about this a lot lately, and I see it more and more as a choreography, because it’s rst about organizing language through a page and then through a space (Cally Spooner). In my practice reification does not have a bad reputation and repetition is a guarantee of diference. mariano mayer


Rodolfo Temperley